4 ETAPA RUTA DEL CID
MEDINACELI- MOLINA DE ARAGON
68 km.
Etapa corta, llana
Se atraviesa pueblos como Layna, Maranchon, Mazarete, Anquela del Ducado, Herreria, Rillo del Gallo y Molina de Aragon, fin de esta etapa.
Se sigue las carreteras, SO-411, GU-411 y la N-211 hasta llegar a Molina de Aragon.
Algunos aspectos geograficos, historicos, sociales de estos pueblos serán descritos a continuacion :
LAYNA :
A 15 km de Medinaceli se haya Layna o Laina, en pleno Camino del Cid. Fue repoblado por Gonzalo Nuñez conde de Lara, a mediados del siglo XIIy por sus termninos transcurre parte del Campo de Taranz por el que pasó El Cid con sus mesnadas durante su entierro, según el Cantar del Mio Cid; y por el qie pasaron sus hijas en dos ocasiones ( antes y despues de la Afrenta de Corpes).
Layna ocupa un lugar muy importante en la paleontologia nacional porque en su Cerro Pelado se han localizado fósiles del final del Mioceno de hace 4 millones de años, por lo que fue calificado este yacimiento como Reserva Paleontológia Nacional,la primera de España. Por estos fósiles sabemos que vivían por aqui osos, primates y tigres de dientes de sable, entre otros animales.
Cañada de ganado de tashumacia atraviesa Layna, y cerca pueden verse, en direccion a Madinaceli, dos chozos de piedra donde se resguardaban los pastores. Camino de Maranchon hubo dos molinos, uno de ellos rehabilitado como vivienda.
Aqui en Layna nace el rio Blanco, el afluente soriano del Alto Jalón. Existen numerosos manantiales.
MARANCHON :
Situado a una altitud de 1254m con un censo de 246 habitantes.
A la entrada del pueblo, sin haber llegado a él, nos saludan sus tres torres caracteristicas : la de los Olmos, la del Reloj y la torre parroquial.
Garn parte de los vecinos de Maranchón eran mulateros o vivian, directa o indirectamente, del trato y compraventa de caballerias como animales de labor.Benito Perez Galdos, en su obra "Narváez" resumia la condición de aquellos hombres: " Son éstos habitantes del no lejano pueblo de Maranchón, que desde tiempo inmemorial, viene consagrado a la recria y tráfico de mulas ".
Perteneció, desde la reconquista, al Común de Villa y Tierra de Medinaceli, y desde el siglo XV, estuvo bajo el señorio de los La Cerda, grandes duques de Medinaceli
Cuando en el siglo XVIII este pueblo fue tomando incremento en su actividad comercial, y aumentando progresivamente su número de habitantes, solicitó ser eximida de la jurisdición de la villa soriana, consiguiendolo en 1769, mediante cédula de Carlos III que le concedia el titulo de villa, pudiendo ostentar justicia propia.
Por previlegio de Carlos IV, Maranchón contó desde comienzos del siglo XIX ( 1806) con mercado semanal los viernes, y una gran feria anual del 8 al 12 de septiembre.
Entre los hijos ilustres de Maranchón cabde descatar a don Juan Bautista Sacristan y Martines-Atance, que nació en la villa en el año 1759 , y llegó a arzobispo de Santa Fé de Bogotá.
MAZARETE :
Despues de 7 km de Maranchón, nos encontramos el pueblo de Mazarete, a una altitud de 1210 m y censo de 92 habitantes.
Con los años ha ido cambiando la faz de Mazarete. Un pueblo en los limites de las serranias del Ducado y el Señorio de Molina, que estuvo incluido en los limites historicos de este territorio allá cuando fue creado en el siglo XII.
Destaca en Mazarete el edificio de su iglesia parroquial, situado en lo más alto del pueblo, y consistente en recia fábrica de sillerejo t sillar. En el interior, sobr el muro del fondo de su capilla mayor, luce un magnifico retablo de estilo neoclasico, construido en 1790 por Cristobal Herber.
En este lugar nacio el famoso historiador molinés y escritor muy renombrado del siglo XVIII, don Gregorio Lopez de la Torre y Malo ( 1700-1770).Procedia de la familia de los López Mayoral, ricos ganaderos de Mazarete, y de los de la Torre y Malo de Molina y Concha.
ANQUELA DEL DUCADO:
Es un pequeño pueblo de 90 habitantes, que pertenece a la Comarca de Molina de Aragón, provincia de Guadalajara. El municipio tiene una superficie de 25,60 Km2.
Esta ubicado en la parte noroeste de la provincia, entre la sierra del norte y las parameras de Molina de Aragón.Está situado sobre un macizo rocoso, rodeado de bellos montes y profundos desfiladeros por los que discurre el rio Mesa.
RILLO DE GALLO:
Pueblo con ayuntamiento, perteneciente al la provincia de Guadalajara. Situado en una llano, en sus confines se encuentran varios manantiales de buenas aguas, y nuna ermita ( Nuestra Sra. de la Carrasca ). Está bañado por un arroyo que va a desaguar al rio rio Gallo; está a una distancia de 6 Km. de Molina de Aragón.
MOLINA DE ARAGON :
Molina es la capital natural de un extenso señorío, que mantuvo durante siglos su independencia y sus peculiaridades frente al poder de los reinos de Castilla y de Aragón. La villa alcanzó el rango de ciudad por su heroico comportamiento durante la guerra de Independencia.
Asentamiento celtibérico, del que existió un castro en el lugar que hoy ocupa el castillo, Molina fue ya independiente en tiempos del dominio árabe. Dividido el califato en reinos taifas, en esta villa reinaron descendientes de los Beni-Hud, procedentes de Zaragoza y Calatayud.
Tras la ofensiva de Alfonso VI en 1085, en la que toma Toledo, Guadalajara y todo el valle del Henares, Molina permanece aún cuatro décadas en poder musulmán, aunque sus reyes pagan tributo a Castilla. Hacia 1129, el rey de Aragón, Alfonso I El Batallador, conquista definitivamente los territorios del alto Jalón, con Medinaceli y Sigüenza, y el enclave de Molina.
No permanece mucho tiempo esta tierra bajo dominio aragonés, pues lo cede el Rey a su esposa, doña Urraca de Castilla, y de ella pasa a su hijo, Alfonso VII, quien lo otorga a su vez a uno de sus nobles, don Manrique de Lara.
Bajo dominio de don Manrique, el señorío de Molina adquiere enorme importancia y llega a convertirse durante dos largos siglos en un pequeño estado propio, que sólo nominalmente rinde vasallaje a Castilla. También reconstruyó el antiguo castillo árabe, fortificó la villa y mando edificar numerosas iglesias.
Modélico es el fuero que, en 1154, otorga don Manrique a la villa; y gracias a él, las antiguas tierras despobladas registran una enorme afluencia de gentes llegadas de muy diversos lugares, que convierten el señorío, ahora con un liberal gobierno comunero, en uno de los más prósperos de la región. Algunas peculiaridades de aquel Común de Villa y Tierra han llegado, como tradición, hasta nuestros días, como es el caso de la Comunidad del Real Señorío de Molina y su Tierra y también la Cofradía Orden Militar de Nuestra Señora del Carmen.
La independencia del señorío llegó a su fin a finales del siglo XIII, cuando la última señora, doña María de Molina, casó con Sancho IV de Castilla.
La transición de los siglos XVII y XIX golpea a Molina como a otros lugares guadalajareños. Primero con los desastres de la guerra de Sucesión, que enfrenta a las Casas Reales de Austria y Francia y más tarde, con la guerra de Independencia.
En 1809, Molina padece un duro saqueo de las tropas napoleónicas al mando del general Suchet. Pero es un año más tarde cuando se provoca el gran incendio que destruyó buena parte de la ciudad y en el que ardieron más de seiscientos edificios. Finalmente, el brigadier Juan Martín El Empecinado logra expulsar a los franceses de la zona, aunque aún volverían a dominar Molina en 1812. Por el heroísmo de la villa y de sus habitantes, las Cortes de Cádiz concedieron el título de Ciudad a Molina.
Molina es la capital natural de un extenso señorío, que mantuvo durante siglos su independencia y sus peculiaridades frente al poder de los reinos de Castilla y de Aragón. La villa alcanzó el rango de ciudad por su heroico comportamiento durante la guerra de Independencia.
Asentamiento celtibérico, del que existió un castro en el lugar que hoy ocupa el castillo, Molina fue ya independiente en tiempos del dominio árabe. Dividido el califato en reinos taifas, en esta villa reinaron descendientes de los Beni-Hud, procedentes de Zaragoza y Calatayud.
Tras la ofensiva de Alfonso VI en 1085, en la que toma Toledo, Guadalajara y todo el valle del Henares, Molina permanece aún cuatro décadas en poder musulmán, aunque sus reyes pagan tributo a Castilla. Hacia 1129, el rey de Aragón, Alfonso I El Batallador, conquista definitivamente los territorios del alto Jalón, con Medinaceli y Sigüenza, y el enclave de Molina.
No permanece mucho tiempo esta tierra bajo dominio aragonés, pues lo cede el Rey a su esposa, doña Urraca de Castilla, y de ella pasa a su hijo, Alfonso VII, quien lo otorga a su vez a uno de sus nobles, don Manrique de Lara.
Bajo dominio de don Manrique, el señorío de Molina adquiere enorme importancia y llega a convertirse durante dos largos siglos en un pequeño estado propio, que sólo nominalmente rinde vasallaje a Castilla. También reconstruyó el antiguo castillo árabe, fortificó la villa y mando edificar numerosas iglesias.
Modélico es el fuero que, en 1154, otorga don Manrique a la villa; y gracias a él, las antiguas tierras despobladas registran una enorme afluencia de gentes llegadas de muy diversos lugares, que convierten el señorío, ahora con un liberal gobierno comunero, en uno de los más prósperos de la región. Algunas peculiaridades de aquel Común de Villa y Tierra han llegado, como tradición, hasta nuestros días, como es el caso de la Comunidad del Real Señorío de Molina y su Tierra y también la Cofradía Orden Militar de Nuestra Señora del Carmen.
La independencia del señorío llegó a su fin a finales del siglo XIII, cuando la última señora, doña María de Molina, casó con Sancho IV de Castilla.
La transición de los siglos XVII y XIX golpea a Molina como a otros lugares guadalajareños. Primero con los desastres de la guerra de Sucesión, que enfrenta a las Casas Reales de Austria y Francia y más tarde, con la guerra de Independencia.
En 1809, Molina padece un duro saqueo de las tropas napoleónicas al mando del general Suchet. Pero es un año más tarde cuando se provoca el gran incendio que destruyó buena parte de la ciudad y en el que ardieron más de seiscientos edificios. Finalmente, el brigadier Juan Martín El Empecinado logra expulsar a los franceses de la zona, aunque aún volverían a dominar Molina en 1812. Por el heroísmo de la villa y de sus habitantes, las Cortes de Cádiz concedieron el título de Ciudad a Molina.


